HISTORIA DE LOS GOLAB-READ DE LA PATAGONIA
(English version   )

 

   Mis padres, Zygmunt Golab y Winifred Read, se conocieron en Edinburgh por 1940 ó 1941. Él era un oficial polaco que había logrado huir de Varsovia. Algunos vagos recuerdos de mi madre indican que la ruta de escape habría sido por el norte de África, luego Portugal, subiendo hasta alcanzar Inglaterra y por fin, Escocia; pero estuvo en París hasta junio de 1940

   Winifred estaba casada con un galés de nombre David Thomas, a quien hacía ya más de un año no veía cuando conoció al oficial polaco casi calvo, y el romance fue inevitable. Mi hermana nació en febrero de 1942 y yo en setiembre de 1944. No tengo idea en qué momento retornó el esposo de Win, pero habrá sido después de que durante 1947 estuve gravemente enferma y ya finalizada la guerra, la pareja decidió emigrar a Argentina. Sólo entonces, aparentemente, Thomas concedió a mi madre el divorcio.

   La elección de Argentina como destino, parece haber sido consecuencia de alguna correspondencia con otros polacos ya residentes aquí, a quienes les iba bastante bien. Además, mi padre habría estudiado la geografía de la zona para asegurarse que no fuese sísmica ni anegable. 

   Los cuatro embarcamos en el "Highland Chieftain" el 21 de noviembre de 1948 y llegamos el día 29 del mismo mes y año a Buenos Aires, según indica el documento de la Dirección de Inmigración, pero creo que se deslizó un error pues los vapores no eran tan veloces. Unos pocos meses después, recalamos en Mar del Plata, más exactamente en Arenales 2578, casi esquina Alberti, donde mi padre compró la llave de un modesto hotelito, de nombre “Osborne”. Todavía recuerdo su número de teléfono, 25763.

  En este negocio netamente familiar, Win era la cocinera de un establecimiento de pensión completa; Mundek hacía la limpieza diaria de las habitaciones y oficiaba de mozo en el comedor. Mi hermana mayor y yo, lavábamos los platos y cacharros de la cocina, y hacíamos las compras cada día. Eso, hasta que comenzaron a nacer los hermanitos marplatenses, y nuestra principal misión pasó a ser cuidarlos y, especialmente, mantenerlos calladitos en el horario en que los pasajeros dormían su siesta.  Cada uno de ellos tenía su manera favorita para quedarse dormido: a uno había que cantarle, hasta el Himno Nacional! a otro había que hamacarle el cochecito sin parar... Durante el segundo gobierno de Perón, los sindicatos nos presionaron hasta la ruina, más siendo extranjeros sin voto. El hotel cerró como tal, y se alquilaban habitaciones por mes. En tiempos sin gas, los baños tenían una ducha eléctrica. Nosotros calentábamos agua en enormes tachos para llenar la bañera de vez en cuando. La miseria fue acentuándose.... nos cortaron el teléfono, y pasamos un par de años sin energía eléctrica: calentábamos la plancha sobre una hornalla de la cocina a keroseno.

   Los últimos tiempos en esta casa (Mary y yo ya adolescentes), para sobrevivir fueron vendiéndose camas, colchones, vajilla y otros enseres sobrantes del hotel, y hasta las chapas de un tinglado del patio interior. Nos amontonamos en dos habitaciones a fin de tener más disponibles para alquilar. Los varones vendían diarios y/o rifas, y la vez, asistían a la escuela. Nico hasta recibió una distinción por la urbanidad con que realizaba su tarea de canillita. 

   Mary y yo fuimos alumnas del Colegio Stella Maris debido a una suerte de beca o más bien ayuda económica de una organización británica, y gracias a que mi madre daba clases de inglés diarias tanto al párroco Monseñor Denicolay como a la monja que enseñaba ese idioma en la secundaria, la hermana Alem.

   Cuando nos desalojaron de la casa de la calle Arenales, fuimos auxiliados por Roberto García, quien era un conocido agente marítimo, y por Mauricio Braun Menéndez que nos prestó una casa en el puerto hasta que alquilamos un departamento de dos ambientes en la calle Tucumán casi Colón. Aquí vivimos los dos últimos años marplatenses.

   Yo era la única que se había casado, a los 19 años, matrimonio que duró apenas hasta que mi hija Laura estaba comenzando a caminar. El divorcio fue cuando trabajaba en el puerto, para la empresa Pemasur donde también había trabajado mi hermana mayor.

   La primera en conocer Patagonia fue Mary, que viajaba a ver a su novio, oficial de Prefectura destinado en Rawson. Para cuando ya hablaban de casarse, él fue trasladado a Carmen de Patagones. Mary comenzó a trabajar para la F.A.O., y fue entonces, por 1967, que fui a visitarlos a Viedma.

   En apenas dos días me ofrecieron empleo en un hotel que estaba por inaugurar, y acepté. Regresé a Mar del Plata sólo para renunciar a mi trabajo y empacar. A pocas semanas de mi llegada, arribó el resto de la familia sobre un camión playo, todos los muebles y hasta el hampster que viajó casi 900 kms. dentro de un balde.

   Mary y Miguel se habían casado en Mar del Plata, así que todos los demás vivíamos juntos. 

   Mary y su familia se mudaron al sur de la provincia, a El Bolsón, donde construyeron una bucólica cabaña sobre el faldeo del cerro Piltriquitrón, cuando ya tenían a Carlo y a Gisela. Después, yo me mudé a Cipolletti y luego Verónica que venía de visita, conoció en esta ciudad a su futuro esposo. Por fin, también se trasladó Nico, separado de su mujer con quien tuvo una hija, Kathia, y se radicó en Neuquén.  

   Daddy falleció en marzo de 1978, sin conocer la televisión a color, sin imaginar nunca que poco después hubiese podido ver imágenes en directo de su país, y sin sospechar la tecnología informática ni un Papa polaco.

   Mary  regresó a Viedma después del nacimiento de su última hija, Talia, y de vivir unos años en Bariloche.  Fue siempre una excelente administrativa y traductora. Administró un hospital, un sanatorio, y trabajó muchos años para INVAP.

   Nico estuvo desde chico vinculado a labores de radio y comunicaciones. En Neuquén, fue camarógrafo del informativo televisado, y tuvo por años un programa cultural propio. Regresó a Viedma con su esposa, Silvia, y sus hijos Tommy y Tatiana. Actualmente, se dedican a recargar cartuchos para impresora con técnicas modernas de reciclaje y cuidado del medio ambiente.

   Marcos y Andy permanecieron en Viedma, donde Andy se casó y tuvo dos varones, Matías y Pablo. Marcos nunca contrajo matrimonio, pero tiene un hijo, Marquitos.  

   Marek trabajó unos años en el Boletín Oficial de la Provincia, pero mayormente se dedicó al rubro gastronómico. Regenteó restaurantes y confiterías y produjo un sinnúmero de espectáculos.

   Andy terminó el secundario en la misma escuela nocturna que yo, ingresó al Banco Provincia, y aprendió informática por las suyas, estudiando en casa de noche hasta, muchas veces, amanecer dormido sobre la mesa de la cocina. Hoy se dedica a la venta y reparación de hard en Viedma.

   Verónica se casó en Cipolletti y tuvo dos hijos: Blas y Brenda.  

   Yo aprendí a usar una máquina de escribir en Mar del Plata. Trabajé en las gobernaciones tanto de Río Negro como de Neuquén. Hace seis años decidí cumplir mi mayor sueño, me mudé más al sur, a la cordillera del Chubut.  

   Ninguno de los seis accedió a estudios terciarios. Cada uno fue autodidacta en lo suyo.

   Mi única hija, Laura, se casó en Cipolletti y tuvo dos hijos: Natalia y Andrés. Reside en Neuquén con su familia, es docente y apasionada por la informática.

   Mummy perdió la voluntad de vivir hace más de una década.  Tuvo seis hijos, cocinó para un hotel, y dedicó sus mayores esfuerzos con auténtica vocación, a la enseñanza del idioma inglés. Muchas de las actuales profesoras de inglés de Viedma fueron alumnas suyas. Ahora transcurre cada día en un triste vacío siendo su única actividad intelectual, alguna que otra palabra cruzada. A sus casi 87 años, reside en Viedma.  

   Este es apenas un esquema o sinopsis de nuestra historia. Aparte, podrán ver el detalle de nuestros ancestros polacos y británicos, muchas fotografías, y en el “Anecdotario”, esos hechos que se conservan en la historia oral de toda familia.