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Soy Zygmunta Hilary Raine Golab, segunda hija de la pareja conformada por
Zygmunt Golab y Winifried Read.
Mi padre nació en Lwow y su primer matrimonio se realizó en Varsovia.
La familia de mi madre se originó en la Isla de Wight al sur de
Inglaterra, y desde allí se ramificó por Australia, Canadá, Sudáfrica
y Patagonia.
Nacida en Edinburgh en 1944, llegué a Argentina con mis padres y hermana
mayor,
en noviembre de
1948. El destino era Mar del Plata, donde nos radicamos.
Los
comienzos nos fueron complicados, tanto en la escuela como en el
vecindario, ya que no conocíamos el idioma castellano. Del colegio Stella
Maris, que todavía amo con todo mi corazón, al que asistí hasta tercer
año, recuerdo con cariño a mi maestra de Jardín de Infantes, la
inolvidable hermanita Mungio. Pero quien realmente marcó mi vida, fue mi
admirada directora sor María Sara Carbajal, a quien debo la curiosidad y
necesidad por saber, la voracidad por leer todo que me acompaña hasta
hoy. La evoco a menudo con respeto y veneración.
Mi
más recordadas compañeras de colegio son Cristina Longoni, a quien nunca
más puede hallar, y Mabel Cimolai a quien reencontré en Neuquén.
Mi primera amiga argentina fue Alicita Bronzini. La “barra” estaba
integrada, además, por los hijos del Dr. José Galindo, José Antonio,
Julio y Juan, y del farmacéutico
Arnaldo Grimaldi, Fernando, Daniel y Raúl, ambas familias vecinas. Luego se incorporó Susana
Monaldi, que vivía en la manzana opuesta. Tuvimos una infancia
maravillosa, cuando Mar del Plata aún disponía de cantidades de baldíos
para jugar y toda la avenida Colón lucía pinos en las veredas de bellas
mansiones de estilo.
Otros amigos cercanos fueron los integrantes de la familia Zecchin, que
tenían un enorme hotel justo enfrente, el “Danieli”, hasta que
partieron rumbo a Córdoba. La menor de esta familia, Gigliola, es la
actualmente reconocida periodista Canela.
En ésta época comencé a subirme a los techos a la hora del crepúsculo.
Ni bien bajaba el sol, y se formaban esas nubes esponjosas típicas de Mar
del Plata, trepaba al techo de la casa para admirarlas e imaginar que eran
montañas. Mi fascinación por la cordillera comenzó a cinco cuadras de
la playa Bristol.
Para mi adolescencia, eran los tiempos del rock suelto! Mi primer
“empleo” con horario y todo, fue en la verdulería de don Anselmo
Saglia, durante las vacaciones escolares, cuando tenía 12 años. Un par
de veranos después, trabajé en la fiambrería del barrio. Más adelante tenía
también algunas clientas para cuidar niños de noche, con cuyo producido
salía los fines de semana con mis inolvidables amigas Olga Montenegro y Stella
Macchi, o con Susana Alija. Ibamos a bailar rock los domingos de 17 a 20.30 horas, a un
lugar llamado “Jazz”, calle Corrientes, y los lunes al cine Ópera a
ver "el episodio".
La
primera oportunidad como administrativa, cuando no había concluido el
secundario y no tenía experiencia alguna, me la concedió Primo
Pedro Pizzelli en Maquiavello, D'Ambra y Cía., en los tiempos de las máquinas
de sumar a manija.
A los 19 años me casé con Norberto Riadigos. Mi hija Laura nació
exactamente a los 9 meses y seis días de la ceremonia. Pero nunca serví
para ama de casa... nos separamos muy pronto y la
familia Golab entera se trasladó a la Patagonia en 1967. Fue lo mejor que
nos pasó desde que llegamos al país. En no más de dos años, vi por
primera vez, desde un avión Fokker de Aerolíneas Argentinas, un cerro
nevado de verdad: el Nahuel Pan.
Comencé trabajando en el Hotel Provincial Viedma, para ingresar luego a
la Administración Pública, en un sector de Educación. Después trabajé
en la Casa de Gobierno, y en el Ministerio de Asuntos Sociales.
Finalicé el abandonado secundario en la escuela nocturna bajo la dirección
de Diva Malpelli.
Habiendo alcanzado en Río Negro la categoría máxima del escalafón,
renuncié. Me mudé al Alto Valle y comencé otra vez en la administración neuquina, hasta que la
salud que nunca fue buena, me sorprendió con sustos importantes y, por
fin, un serio accidente de tránsito. En ambas jurisdicciones, trabajé
horarios muy exigentes de hasta 14 horas diarias, a menudo más, incluyendo sábados y
domingos.
A los pocos meses de mi arribo al Alto Valle, ocurrió nuestra primera pérdida
con el fallecimiento de mi padre, ocurrido en Patagones,
en 1978.
Ya jubilada, residí dos años más en Cipolletti hasta que decidí mudarme más
al sur, a la cordillera. Esta decisión, aunque largamente soñada, fue
repentina y se debió en gran medida al prematuro fallecimiento de mi
hermana Mary, en 1997. Ella recién regresaba de su anhelado viaje por
Europa y acababa de nacer su segundo nieto. Estaba por residir en forma permanente en su ansiada casa a orillas del mar. Murió
cuando sus sueños iban a comenzar. Por eso decidí poner en práctica los
míos, en la cordillera, sin pensarlo más.
Compré un ranchito sobre un cuarto de hectárea fiscal, en la Aldea
Escolar, cerca de Trevelin. Construí una romántica cabaña de troncos
donde pensaba dedicar mi ancianidad a leer y escribir,
y a la investigación histórica. Fue en este período que se
produjo el horrible accidente de la familia Melo, en el cual perdieron la
vida Verónica, nuestra hermosa hermanita menor, y su deliciosa hijita
Brenda de apenas 4 años de edad. Sobrevivieron milagrosamente Horacio y
Blas. Horacio tuvo serias lesiones que logró superar con una entereza y
constancia admirables.
Cuando mi cabaña ya tenía todo lo necesario: teléfono, Internet,
televisión, gas
natural y por último, pisos, debí abandonarla repentinamente, víctima
de un cruel y cobarde delito. Mi soñado santuario, pasó a ser el escenario de la
violencia, y nunca hubiese podido olvidar las horrendas imágenes de lo
acontecido en su interior.
Me
mudé a Esquel, donde resido actualmente en compañía de mi hermano
Marcos. No elegí Esquel como mi hogar, pero es probable que Esquel me
haya elegido a mí.
Mi pasión por la lectura y amor por la historia, indujeron otras
actividades. A partir de una casual visita a la "primera casita con
ventanas de vidrio" del territorio neuquino, hace como 14 años,
investigo la vida y trayectoria del pionero Alejandro Arze (www.arze-arce.com.ar)
y en los últimos dos años, para este trabajo conformamos un equipo
inicialmente virtual con Sabrina Lamperti, a quien quise
mucho a la distancia y
más desde que en julio 2004 tuve el privilegio de conocerla personalmente. Llevo muchos años recopilando historia de Patagonia, la que resumida y fichada, reuní un archivo único titulado "Patagonia Dixit". Este es mi segundo proyecto, que puede verse en www.patagoniadixit.com.ar
El tercer proyecto es el presente, la historia de mi familia y una búsqueda
que se orienta al encuentro con
parientes
tanto por parte de la familia polaca de mi padre, como de la británica de
mi madre, y
es la principal razón de ser de esta página. Mi padre era el menor de seis
hermanos, y mi madre la menor de once: aún no sé con certeza cuantos
primos hermanos tengo. Aquí están sus árboles genealógicos, que publico
con la esperanza de recibir un mensaje desde cualquier punto del mundo que
comience diciendo, "Hola, prima!"
Mi último proyecto, se encuentra en la etapa de "idea"; tendrá
que ver con revertir el desesperante abandono jurídico y social en que
quedan en nuestro país, las víctimas de delitos contra la integridad
sexual o cualquier otra forma de violencia, donde de todas los beneficios
creados por el andamiaje legal, son destinatarios los delincuentes. Aún
no sé que puedo hacer al respecto. Siento la necesidad de poner mi
granito de arena para que la
DEDICACIÓN de nuestros legisladores y jueces tenga por objetivos la
protección, rehabilitación y amparo de las víctimas más que De sus
victimarios. |